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Cuarto Domingo de Pascua

 

7 de mayo de 2017

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

Jesús, en la imagen del pastor, se presenta como el auténtico guía del hombre. Su autoridad no se basa en la imposición; son su ejemplo y sus enseñanzas las que le dan fuerza. Oyendo su voz, convirtiéndose a él, es como se entra por la puerta del perdón de los pecados y de la alegría del Espíritu.

PRIMERA LECTURA: Hch 2:14,36-41

Pedro da un testimonio firme y sin temor ante aquello que consintieron en la muerte de Jesús. Nuestra vida cristiana debe ser, también, un testimonio valiente de lo que creemos frente a la sociedad en la que vivimos.

SALMO RESPONSORIAL: Sal. 23:2-3,4,5,6

R/ EL SEÑOR ES MI PASTOR, MADA ME FALTA.

  1. 1. En prados de hierba fresca me hace descansar,
    Me conduce a aguas tranquilas,
    Y renueva mis fuerzas.
    Me guía por la senda del bien,
    Haciendo honor a su nombre R/
     
  2. Aunque pase por valle tenebroso,
    Ningún mal temeré, porque tú estás conmigo;
    Tu vara y tu bastón me dan seguridad R/
     
  3. Me preparaste un banquete
    Para envida de mis adversarios,
    Perfumas con ungüento mi cabeza
    Y mi copa está llena R/ 
     
  4. Tu amor y tu bondad me acompañan
    Todos los días de mi vida;
    Y habitaré por siempre en la casa del Señor R/ 


SEGUNDA LECTURA: 1P 2:20-25

Que la sociedad se oponga al modo de pensar y actuar cristianos es algo completamente natural. Cristo, sufriendo con paciencia los insultos de sus enemigos nos enseña el modo de hacer frente a las persecuciones.

Aleluya Lc 24:32

Yo soy el buen Pastor –dice el Señor-, conozco a mos ovejas y las mías me conocen. Aleluya

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN Lc 24:13-35

En medio de tantas voces que buscan usarnos o engañarnos, la voz de Jesús es la voz del Buen Pastor que quiere y cuida de cada uno de sus ovejas. Pidamos al Señor un corazón sabio y confiado para seguir siempre su voz.
 

DOMINGO CUARTO DE PASCUA

TEMA: PASTOR, PUERTA Y VIDA

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesucristo resucitado bajo tres imágenes: Pastor, Puerta y Vida. Vamos a reflexionar en ellas, con el deseo y petición de S. Ignacio de Loyola: “conocimiento interno de Cristo, para más amarle y seguirle”.


La primera figura de Jesús es la de Pastor. Imagen clara para los pueblos nómadas, que para los modernos significa jefe o conductor. Jesús es el líder de la Iglesia peregrina. Jesús habla a cada uno de nosotros en particular, no lo hace como los políticos de hoy día que hablan de la humanidad, la sociedad. Jesús nos habla al corazón. Nos da ejemplo, va caminando “delante” en la práctica del amor y la entrega. Jesús vive lo que predica. Predica el servicio a los demás hasta dar la vida por todos. Y nos lo recuerda S. Pedro en la seguda lectura de hoy: “Andabais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas”. Somos “las ovejas que conocen su voz”. En la oración, en la lectura del evangelio, creciendo en ese conocimiento atractivo del Pastor bueno.


La segunda imagen de Jesús es la Puerta. No para cerrar el paso a nadie, sino para abrirlo a todo el mundo, en todo tiempo y lugar. Es la puerta de su Corazón abierto de par en par, al morir en la cruz, y al resucitar con las llagas patentes, signo de acogida incondicional. Es la puerta estrecha que lleva a la salvación.


Y la tercera imagen es la de la Vida. Como el mismo Jesús dice: “Yo he venido para que tengan vida en abundancia”. Es la Vida del resucitado, que ha vencido a la muerte, es el Viviente eterno. Los cristianos estamos llamados a defender la vida humana y mejorarla, desde la concepción hasta la muerte, añadiendo el nivel superior de la vida sobrenatural: la vida de Dios en nuestras almas.


Hoy es el día de las “vocaciones”: pedir al Señor que nos aumente a los pastores buenos, que nos guíen dentro de la Iglesia.
Preguntémonos: ¿qué pastores se han hecho cargo de nosotros hasta ahora, por qué les debemos estar agradecidos?”...
¿Qué rasgos caracterizan la solicitud de Jesús, como “buen pastor”?
¿Queremos quizás exigir a Jesús lo que debe darnos? ¿Nos dejamos guiar por él?

Basilio de Seleucia, en la homilía sobre el Buen Pastor dice:

Abel, el primer pastor, fue agradable al Señor, que acogió su sacrificio y, más aún que los dones ofrecidos, acogió al que los sacrificaba. La Escritura alaba también a Jacob, pastor de los rebaños de Labán, mencionando sus desvelos para las ovejas. De día me consumía el calor y de noche el frío, sin poder dormir. Dios lo recompensó por su labor. También Moisés fue pastor en las montañas de Madián, prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios que disfrutar de los placeres en el palacio del Faraón. Dios, agradado por esta elección, se dejó ver a Moisés, en recompensa de su decisión. Y después de la visión, Moisés no abandonó su oficio de pastor y su cayado gobernaba los elementos. Pastoreó al pueblo de Israel. También David fue pastor, pero su cayado fue transformado en cetro real y recibió la corona. No te extrañes de que todos estos pastores buenos estén cerca de Dios. El mismo Señor no se avergüenza de ser llamado pastor, de pastorear a los hombres después de haberles creado.
Pero miremos ahora a nuestro pastor, Cristo. Miremos su amor por los hombres y su ternura para conducirnos a pastos abundantes. Se alegra con las ovejas que están a su alrededor y busca a las que están descarriadas. Ni montañas ni bosques son obstáculo, él baja a los valles tenebrosos para llegar al lugar donde está la oveja perdida. Lo vemos en los infiernos, da órdenes para salir de allí. Así busca el amor de sus ovejas. Aquel que ama a Cristo conoce su voz y le sigue”.


Termino con el soneto del poeta sacerdote diocesano Rafael Prieto Ramiro titulado:

GUARDIÁN DE NUESTRAS VIDAS

Buen Pastor y guardián de nuestras vidas,
prefiere dar su vida, que no muera
por enferma, por hambre o por la fiera
ni una de sus ovejas redimidas.
Ahí le vemos curando las heridas
con vino, aceite y vendas, cual si fuera
médico y medicina, o si aún quisiera
ser pasto preferido en sus comidas.
Guarda, Pastor, mi débil existencia
en tu zurrón seguro y poderoso,
y átame con correas de indulgencia,
no vaya por camino caprichoso;
para que no me aparte de tu lado
escóndeme en la herida del costado.


j.v.c.

 

 
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