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Quinto domingo de Pascua

 

Domingo 2 de mayo 2021

CITAS BIBLICAS PARA LA LITURGIA

La condición necesaria para que las ramas den fruto es que permanezcan unidas al tronco. El que observa los mandamientos, principalmente los relacionados con la fe y el amor fraterno, está unido a Cristo; y Pablo, con el testimonio de su fe, es un ejemplo de vinculación a la Vid, Cristo.

 

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, fuente de la vida, tú nunca abandonas a quien cree en ti, sino que siempre lo guías y sostienes. Haz que los que hoy nos reunimos como cuerpo de Cristo, formemos un solo corazón, y profundicemos más estos lazos de unidad y de amor. Por nuestro Señor Jesuscristo.

 

PRIMERA LECTURA Hch.9 :26~31

El apóstol Pablo es modelo de todos aquellos que siguen fielmente la palabra de Dios. Al igual que Jesús da testimonio de la verdad, al igual que Jesús es perseguido y al igual que Jesús va transformando este mundo en un mundo más parecido al Reino de los cielos.

 

SALMO RESPONSORIAL

R/ EL SEÑOR ES MI ALABANZA EN LA GRAN ASAMBLEA. ALELUYA

 

  1. Para ti mi alabanza en al asamblea,
    mis votos compliré ante tu vista.
    Los pobres comerán hasta saciarse,
    alabarán a Dios los que lo buscan;
    ¡vivan sus corazones por siempre!. R/
     
  2. De Dios se acordará toda la tierra
    y a el se volverá;
    todos los pueblos, razas y naciones
    ante él se postrarán. R/
     
  3. Lo servirán mis hijos,
    Hablarán del Señor a los que vengan,
    al pueblo futuro: Que es justo, les dirán.
    Tal es su obra. R/

 

SEGUNDA LECTURA 1 Jn 3:18~24

Creer en Dios es creer en un Padre capaz de perdonar nuestras faltas y amarnos a pesar de nuestros defectos. Y es amar a los demás con un amor parecido al que Dios tiene por nosotros.

 

ALELUYA Jn 15:4~5

Permanecer en mí y yo en vosotros, dice el Señor; el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya

 

EVANGELIO Jn 15:1~8

Nadie puede hacer el bien ni amar a los demás sino permanecer unido a la fuente del bien y del amor. Escuchemos la lectura del evangelio y pidamos al Señor que nos ayude a permanecer muy unidos a Él.

 

 

LA VID Y LOS SARMIENTOS

 

Los hombres formamos parte de diversos grupos naturales y artificiales para responder a nuestra vocación social. Pero no es lo mismo pertenecer a una familia con lazos de sangre común, que a un club deportivo o a un partido político con una insignia en la solapa. ¿Cuáles son las relaciones que unen a los cristianos? ¿Las de una asociación , o las de una familia? El evangelio de hoy nos dice que la Iglesia la forman los fieles unidos íntimamente a Cristo.

Es muy importante caer en la cuenta de que Jesús plantea su relación con nosotros como las que existen en un organismo vivo: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos”. La Iglesia no es una organización que une a sus socios con lazos externos, como un club o un partido. Es algo más parecido a una familia, donde todos tenemos el mismo apellido y la misma sangre. San Pablo llega a decir que formamos con Cristo Cabeza un solo Cuerpo, del que nosotros somos sus miembros. El lazo de unión de los cristianos es la savia que nos une a la Cepa Cristo. Por eso, para ser sarmientos vivos de Jesús, debemos conservar la gracia bautismal, la vida divina que corre por nuestro espíritu.

En castellano, “vid” y “vida” son dos palabras muy próximas; es lo que nos dice Jesús: no hay vida, esa vida abundante que él nos trae, si no se está unido a la vid.

La parábola de Jesús se concentra en “dar frutos”. ¿Qué frutos? A nivel personal, la santidad, la vocación máxima del ser humano. Chupar de la savia de Jesús-Vid, que es el amor a Dios y a los demás. Recibir el flujo de la sangre de Cristo-Cabeza, que es la gracia, es alcanzar el grado de superhombre: la divinización.

Pero para ello, se definen dos exigencias irrenunciables; expresadas mediante dos verbos típico de San Juan:

  • permanecer (literalmente “morar”)
  • dar fruto.

 

“Morar” indica algo más que un vínculo superficial. Expresa una realidad profunda, un intercambio vital, una relación duradera, esencial. Es estar desarraigado de sí mismo y descentrado. Su morada y su centro, de ahora en adelante, se encuentran en Cristo.

“Morar” es diferente de “seguir”. Para mostrar esa diferencia, el autor ruso Losskij (1903-1958), compara dos libros: La imitación de Cristo de Tomás de Kempis, difundida en occidente, y La vida en Cristo del pensador ortodoxo griego Tomás de Cabasilas (1320-1358) libro difundido en oriente. El autor desarrolla este pensamiento: por el Bautismo ha sido implantada en nuestro corazón la vida de Jesús. Los otros sacramentos, sobre todo en la Eucaristía,la vida se desarrolla y crece. Por eso dice San Pablo: “vivo yo, ya no yo, es Cristo quien vive en mí”. La Eucaristía que recibimos une a Cristo con nosotros y a nosotros con Cristo, proporcionádonos así la capacidad de dar fruto.Más tarde añadirá San Agustín (354-430) que “no somos cristianos, somos Cristo”. El Cura de Ars (1756-1859)”somos dos trozos de cera fundidos en uno solo '' .Teresa de Lisieux (1873-1897) “aquel día ya no fue una mirada; fue una fusión. Y ya no éramos dos”. Se trata de dejarse hacer, abandonarse a los cuidados del Viñador. El Padre corta lo que sobra.

¿Qué frutos? Hay una rigurosa coincidencia entre “fruto” y “amor”. La viña del Señor produce esencialmente caridad.Para eso ha sido plantada, cultivada. “No amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad”. Las obras, los hechos, no las palabras, constituyen la forma legible de la caridad cristiana. Cristo, para manifestar el amor del Padre, no ha permanecido “cerrado” en su propio mundo. Ha “salido” de allí para encontrar a los hombres, mezclarse con ellos, cargarse con sus fardos, dejar sobre la tierra los signos visibles de la misericordia divina, hacer florecer en el desierto de la aridez y de los egoísmos.

Santa Teresa de Calcuta (1910-1997) en su “Camino de sencillez” dice:

Permanecer en mí, como yo en vosotros

Amad la Oración. Durante la jornada, tratar de sentir la necesidad de orar y abandonad la tristeza en la oración. La oración agranda el corazón hasta tal punto de que podrá contener el don que Dios nos hace de sí mismo. Pedid, buscad y vuestro corazón se ensanchará lo suficiente para recibirlo. Puede ayudarnos la siguiente oración extraída del libro de oraciones de nuestra comunidad, escogida entre aquellas que recitamos cada día:

Convirtámonos en ramas verdaderas y fructíferas de la viña de Jesús, recibiendolo en nuestra vida como él quiera mostrarse:

Como la Verdad para ser dicha.
Como la vida para ser vivida.
Como la Luz para ser iluminada.
Como el Amor para ser amado.
Como el Camino para ser andado.
Como la Alegría para ser dada.
Como la Paz para ser extendida.
Como el sacrificio para ser ofrecido, en nuestras familias y en nuestro barrio”.

 

Termino con una poesía de Rafael Prieto Ramiro, escritor y poeta actual titulada: 

Una tarde de amores encendida

Yo soy la Vid, vosotros los sarmientos,
con mi vida tendréis el crecimiento
para que deis el fruto sin medida.
Abiertos al amor, llenos de vida,
recibid de mi Espíritu el aliento,
será de nuestro líquido el fermento,
y podréis ser vosotros la bebida.
Pero habéis de pasar por dura poda,
el racimo prensado largamente,
madurado en bodegas silenciosas,
será consumación de nuestra boda.
Brindaremos con vinos excelentes,
que embriagan, que enamoran y que endiosan
los frutos del esposo y de la esposa.

 

j.v.c.


 

 

 

 

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