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A partir del 21 de Junio y hasta nuevo aviso, todos aquellos que deseen participar en la misa dominical, deben inscribirse cada semana:

Por favor lean las INDICACIONES para tal efecto, publicadas en la página Web 

La Presencia Viva Y Real De Jesús

 

 

 

Jesús dice hoy en el evangelio que “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Lo importante es que “estén reunidos·, no vivir enfrentados unos con otros. Escuchar la llamada de Jesús, vivir identificados con su proyecto del reino de Dios, y que Jesús sea el centro de su pequeño grupo.

Esta presencia viva y real de Jesús es la que ha de animar, guiar y sostener a las comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar su oración, sus celebraciones proyectos y actividades. Esta presencia es el “secreto” de toda comunidad cristiana viva.

Lo más importante es que nos reunamos en su nombre, atraídos por su persona y por su proyecto de hacer un mundo más humano.

Nos reunimos para escuchar su evangelio, para mantener vivo su recuerdo, para contagiarnos de su Espíritu, para acoger en nosotros su alegría y su paz, para anunciar su Buena Nueva. La persona de Jesús debe ser la única fuerza capaz de regenerar nuestra fe gastada y rutinaria.

El Padre de la Iglesia San Efrén el Sirio (316-373) en su Himno inédito dice:  

Yo estoy allí, en medio de ellos
El que celebra solo en el corazón del desierto
es él mismo una asamblea numerosa.
Si dos se unen para celebrar entre las rocas,
millares y miríadas están allí presentes.
Si son tres los que se juntan,
hay, un cuarto entre ellos.
Si hay dos seis o siete,
doce mil millares se han juntado.
Si se ponen en fila,
llenan el firmamento de oración.
Si son crucificados sobre la roca
y señalados con una cruz de luz,
se ha fundado la Iglesia.
Si están reunidos,
el Espíritu planea sobre sus cabezas.
Y cuando terminan su oración,
el Señor se levanta y sirve a sus siervos.

Termino con la poesía del ecuatoriano sacerdote y teólogo Leónidas Proaño (1910-1988) titulada:

 

SOLIDARIDAD


Mantener siempre atentos los oídos
al grito de dolor de los demás
y escuchar su llamada de socorro,
es solidaridad
Mantener la mirada siempre alerta
y los ojos tendidos sobre el mar
en busca de algún náufrago en peligro,
es solidaridad.


Sentir como algo propio el sufrimiento
del hermano de aquí y del de allá,
hacer propia la angustia de los pobres,
es solidaridad.


Llegar a ser la voz de los humildes,
descubrir la injusticia y la maldad,
denunciar al injusto y al malvado,
es solidaridad.


Dejarse transportar por un mensaje
cargado de esperanza, amor y paz,
hasta apretar la mano del hermano,
es solidaridad.


Convertirse uno mismo en mensajero
del abrazo sincero y fraternal
que unos pueblos envían a otros pueblos,
es solidaridad.


Compartir los peligros en la lucha
por vivir en justicia y libertad,
arriesgando en amor hasta la vida,
es solidaridad.


Entregar por amor hasta la vida
es la mayor prueba de amistad,
es vivir y morir con Jesucristo,
es solidaridad.

j.v.c. 

 

 

 

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