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Sexto Domingo Del Tiempo Ordinario

 

11 De Febrero De 2024

 

 

 

La lepra era una de las causas de marginación para la convivencia humana. Pero Cristo cura al leproso para integrarle en la comunidad. Pablo, que sigue el ejemplo de Jesús, nos exhorta a seguirle buscando siempre el bien de los demás.

ORACION COLECTA

Oh Dios, fuente de la salvación, que mostraste al mundo tu amor mediante la palabra y vida de tu Hijo Jesús, inclina tu oído a la voz de quienes buscan la salvación en medio de las penas y el dolor, y una vez más tiéndeles compasivo tu mano cariñosa. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Gén 3:16-19

El hombre es la criatura que tiene todo para ser feliz, pero que echa a perder sus más valiosas empresas. Las contradicciones y el sufrimiento acompañan lo que es más grande en la vida de los hombres. La sentencia de Dios indica la situación nueva que resulta del pecado.


SALMO RESPONSORIAL
R/ TU ERES MI REFUGIO, ME RODEAS DE CANTOS DE LIBERACION.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
A quien le han sepultado su pecado;
Dichoso el hombre a quien el Señor
No le apunta el delito.

Había pecado, lo reconocí,
No te encubrí mi delito;
Propuse: “Confesaré al Señor mi culpa”
Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Alegraos, justos, con el Señor,
Aclamadlo, los de corazón sincero.

SEGUNDA LECTURA: 1 Cor 10:31-11:1

En todo lo que hacemos en nuestra vida debemos tener en cuenta a los demás. Pensar si lo que hacemos es lo que ayuda a los demás, o los perjudica. El cristiano a ejemplo de Cristo, no vive para si, sino para ayudar y salvar a los que lo rodean.

ALELUYA

Aleluya, aleluya.
El leproso dijo a Jesús: “Si quieres, puedes sanarme”. Lleno de compasión, Jesús extendió la mano, lo tocó y dijo: “Quiero: queda sano”.
Aleluya, aleluya.

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS: Mc 1:40-45
Ayudar a Jesús a curar a los que están heridos y acercarlos de nuevo a la comunidad es nuestro trabajo de cristianos.

 

Mi Corazón Está Contigo

 

No sé cómo vino a parar a mis manos. Era una revista, "Selecciones", del 88. Y ahí lo leí. Un joven de 15 años sufría de leucemia. Para nada habían servido el cuidado de doctores, enfermeras y el cariño de su madre. La enfermedad y la depresión se habían adueñado seriamente de aquel joven.

 

Un día se le antojó tener flores en la habitación. Y su madre encargó un hermoso arreglo foral. Llegó con la tarjeta de la madre: "Para ti, de tu madre que te quiere". Y también, escondida entre las flores, había otra tarjeta que decía: "Peter, fui yo, Laura, quien atendió el pedido de tus flores. De niña, a mis 7 años, padecí también, igual que tú, de leucemia. Hoy tengo 22 años y me siento muy bien. No lo olvides, te puedes curar. Mi corazón está contigo". El amor de la madre, siempre estaba con Peter, y también la compasión de Laura que conocía en carne propia los estragos de la enfermedad. Dos amores hechos presencia y oración que le acompañaban y animaban. Si la historia no ha llegado a un desenlace, hoy Peter tendrá 30 años, y, sin duda, junto a él seguirán estado por lo menos, esos dos mismos corazones. Nuestras oraciones y recuerdos, si son sinceras, son como las tarjetas de Laura: "Animo, soy yo quien te escribe y te recuerda. Sufrí como tú el desánimo y la falta de esperanza. Pero hoy me siento con suficiente fuerza como para decirte que no siempre es de noche, que a todos llega el amanecer, y que tanto ahora como entonces mi corazón está y estará contigo". Y esa confesión, unido al amor, que nunca falta, del Padre, pueden hacer milagros. Tu corazón, ahora mismo, ¿con quién está? ¿Por qué no se lo dices en una oración hecha tarjeta, y escondida entre las rosas y azucenas de la vida? El Padre y él/ella seguro que se alegrarán... y tú te sentirás mucho más feliz.

 

(hoja de la misa)

 

 

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