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Sexto Domingo del Tiempo Ordinario

11 de Febrero de 2018

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

La lepra era una de las causas de marginación para la convivencia humana. Pero Cristo cura al leproso para integrarle en la comunidad. Pablo, que sigue este ejemplo de Jesús, nos exhorta a seguirle, buscando siempre el bien de los demás.

ORACION
Oh Dios, fuente de la salvación, que mostraste al mundo tu amor mediante la palabra y vida de tu Hijo Jesús, inclina tu oído a la voz de quienes buscan la salvación en medio de las penas y el dolor, y una vez más tiéndeles compasivo tu mano cariñosa. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

PRIMERA LECTURA: Gn 3:16-19

La dureza del Antiguo Testamento con respecto a los enfermos de lepra nos ayuda a entender mejor la misericordia de Jesús para con los enfermos y la necesidad que tenemos de luchar contra todo tipo de discriminación en la sociedad.

SALMO RESPONSORIAL: Sal 31:5,10-11
R/ TU ERES MI REFUGIO; ME RODEAS DE CANTOS DE LIBERACION.

  1. Dichoso el que está absuelto de su culpa,
    A quien le han sepultado su pecado;
    Dichoso el hombre a quien el Señor
    No le apunta el delito. R/
     
  2. Había pecado, lo reconocí,
    No te encubrí mi delito;
    Propuse: "Confesaré al Señor mi culpa",
    Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/
     
  3. Alegraos, justos, con el Señor,
    Aclamadlo, los de corazón sincero. R/
     

SEGUNDA LECTURA: 1 Co 10:31-11:1
En todo lo que hacemos en nuestra vida debemos tener en cuenta a los demás. Pensar si lo que hacemos ayuda a los demás o los perjudica. El cristiano, a ejemplo de Cristo, no vive para sí, sino para ayudar y salvar a los que lo rodean.

Aleluya Lc 7:16
Aleluya, aleluya.

El leproso dijo a Jesús: "Si quieres, puedes sanarme". Lleno de compasión, Jesús extendió la mano, lo tocó y dijo: "Quiero: queda sano". Aleluya

EVANGELIO SEGÚN MATEO Mc 1:40-45
La actitud de Cristo ante la gente despreciada nos muestra su piedad ante el dolor, y su deseo de que nadie se quede fuera de la comunidad del Reino. Ayudar a Jesús a curar a los que están heridos y acercarlos de nuevo a la comunidad es nuestro trabajo de cristianos.


11 de febrero: Sexto del Tiempo Ordinario
TEMA: "SI QUIERES"

Esta expresión de "si quieres" es el ruego lleno de fe que el leproso le dirige a Jesús en la narración del Evangelio de este domingo. "Creer es osar en humildad", y eso es lo que hace el pobre enfermo marginado.


A mi siempre me gusta pensar, como dicen algunos biblistas, que la expresión en griego del evangelio de que Jesús se "compasionó" o sintió lástima, también puede significar: "se enojó", pero no es contra el enfermo, sino contra la sociedad que lo marginaba y arrojaba del contacto con los demás. Y esto ha existido hasta no hace mucho.


Jesús es "el hombre para los demás", que se compromete con compasión afectiva y enojo contra la injusticia...


Hay una historia de la santa Madre Teresa de Calcuta muy impresionante en este mismo sentido. Fue la madre a Melbourne, en Australia. Y visitó a un anciano que estaba solo y era desconocido. La casa estaba sucia. Intentó limpiarla, pero no se lo permitió. "¿Para qué? Nadie viene a verme". Entre los andrajos la Madre Teresa encontró una magnífica lámpara cubierta de polvo. "¿Por qué no la enciendes?" "¿Para qué? Nadie viene a verme. Estoy bien a oscuras": "¿La encenderías si alguien viniera a verte?". "Sí, la encendería con tal de escuchar una voz humana en esta casa". La Madre encargó a las Hermanas de su Congregación que fueran a visitar al anciano con frecuencia. Unos días más tarde recibió una nota brevísima del anciano: "Dile a mi amiga que la lámpara que prendió en mi vida sigue encendida".

Bonita historia pero que nos debe suscitar a nosotros la siguiente pregunta: ¿Hay alguien en mi vida marginado, solo enfermo, que nos necesita?...

El Papa Francisco en la encíclica "Lumen fidei" dice:

"El cristiano sabe que siempre habrá sufrimiento, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona, y de este modo puede constituir una etapa de crecimiento en la fe y en el amor. La luz de la fe no no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo, ¡Cuántos hombre y mujeres de fe han recibido luz de las personas que sufren! San Francisco de Asís, del leproso; la santa Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se esconde en ellos...

Quiero terminar con una Oda de Salomón (la 21):

Levanté los brazos al cielo, hacia la gracia del Señor.
Expulsó mis cadenas de mí.
Mi protector me levantó conforme a su gracia
y su salvación.
Me despojé de la oscuridad y me revestí de la luz;
mis miembros no experimentaron ningún sufrimiento,
ni angustia ni dolor.
El pensamiento del Señor me socorrió,
su luz me exaltó;
caminé en su presencia.
Me acercaré a él alabándolo y glorificándolo.
Mi corazón se desbordó, invadió toda mi boca,
saltó hasta mis labios.
El gozo del Señor y su alabanza despejan mi rostro.
¡Aleluya! 

 

 

j.v.c.

 

 

 
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