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7º domingo Tiempo ordinario (A)

19 de Febrero de 2017

TEXTOS BÍBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA:

Jesús prosigue exponiendo el programa de vida cristiana para sus seguidores. Ser “santo” es ir tras el amor que Dios tiene para con el hombre. Amor que tiene sus exigencias (1ª. Lect.) pero que es una respuesta eficaz contra el mal (Ev). La santidad cristiana no es una ética abstracta, sino una justa solidaridad con el mundo y con la historia. (2ª. Lect).

 

PRIMERA LECTURA: Lev 19: 1-2, 17-18

Todos nosotros estamos llamados a ser santos. Ser santos significa mirar el mundo y a las demás personas con la misma irada compasiva de Dios.

 

RESPONSORIAL: Sl 103: 3-4, 8 y 13, 11-12

R/ EL SEÑOR ES COMPASIVO Y MISERICORDIOSO. 

 

  1. El perdona todas tus culpas,
    Y sana todas tus enfermedades.
    Él rescata tu vida de la tumba
    Y t colma de amor y de ternura;
    Sacia de bienes tu existencia,
    Y te rejuveneces como el águila. R/
     
  2. El Señor es clemente y compasivo,
    Paciente y lleno de amor.
    Como un padre siente ternura por sus hijos,
    Así siente el Señor ternura por quienes lo respetan. R/
     
  3. Como la altura del cielo sobre la tierra;
    Así es su amor con los que lo respetan;
    Y como está lejano el oriente del poniente,
    Así aleja de nosotros nuestros crímenes. R/

 

SEGUNDA LECTURA: 1 Cor 3: 16-23

Nosotros somos el templo de Dios. El culto que Dios quiere es nuestra vida vivida con amor y justicia. Todo lo que tenemos es para servir y amar a Dios.

 

ALELUYA: 1 Jn 2:5

Aleluya, aleluya. Quien guarda la Palabra de Cristo, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. Aleluya.

 

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO: Mt 5: 38 – 48

Frente a la ley de venganza que proclama el mundo, el Señor proclama la ley del perdón. Sólo el perdón puede acabar con el mal y solucionar los problemas de la comunidad.

 

Reflexiones sobre el EVANGELIO

La llamada al amor es siempre seductora. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general de odio que se respiraba en su entorno, proclamó con claridad absoluta su llamada:

Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os calumnian”.

Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.

El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús, dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.

Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor alguno hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando el odio y la sed de venganza.

Pero no se trata solo de no hacerle mal. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos alegrándonos de su desgracia.

El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias a la persona se le puede hacer en aquel momento prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.

 

José Antonio Pagola

 

 

 

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