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Domingo De Ramos (B)

 

28 de Marzo de 2021

CITAS BIBLICAS PARA LA LITURGIA

Hermanos: nuestro camino de conversión se une hoy al de Jesús para aprender de él que lo más importante de la vida es ponerla al servicio de una causa digna.

 

Nuestro caminar al lado de Jesús a lo largo de esta semana es la mejor escuela que podemos frecuentar para nuestra vida de cada día. Con la seguridad de que nuestro camino ya no lo hacemos solos, sino con este Jesús de la semana santa y con tantos hermanos en la fe que tienen nuestros mismos gozos y esperanzas. Hoy una vez más, se nos enseña a caminar juntos:

Jesús, los hermanos, yo mismo.

Acompañemos a Jesús que entra en Jerusalén para llevar a cabo su misión. Hagámoslo alegres y gozosos de tener como camino, verdad y vida a Jesús de Nazaret. Y compartamos la fuerza de su entrega y el ejemplo de su vida.

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad; concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio, y que un día participemos en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA: Is 50:4-7

El profeta Isaías, en medio de los sufrimientos, mantiene su corazón anclado en la palabra que Dios le ha dirigido. Sabe, que a pesar de todo, al final Dios será fiel a sus promesas y no lo defraudará.

 

SALMO RESPONSORIAL: Sal 22:8-9,17-18,19-20

R/ Dios mio, Dios mio, ¿Por que me has abandonado?

 

  1. Todos los que me ven, de mí se burlan,
    hacen muecas y mueven la cabeza;
    “ ¡Confía en el Señor, pues que lo libre;
    que lo salve si le tiene aprecio!” R/
     
  2. Como perros de presa me rodean,
    me acorrala una banda de malvados.
    Han lastimado mis manos y mis pies.
    Con tanto mirarme y observarme
    pudieron contar todos mis huesos. R/
     
  3. Reparten entre sí mis vestiduras
    y mi túnica la tiran a la suerte.
    Pero tú, señor, o te quedes lejos;
    ¡fuerza mía, corre a socorrerme! R/
     
  4. Yo hablaré de tu Nombre a mis hermanos,
    te alabaré también en la asamblea.
    Alaben al Señor sus servidores,
    todo el linaje de Jacob lo aclame,
    toda la raza de Israel lo tema. R/

 

SEGUNDA LECTURA: Flp 2:6-11

La resurrección necesariamente pasa por la cruz y el sufrimiento. Esta es una enseñanza clara del evangelio. Pero también es cierto que no hay ninguna cruz que no sea un camino a la resurrección.

 

ACLAMACIÓN DEL EVANGELIO: Flp 2:7-9

Cristo se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre que está sobre todo nombre.

 

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS: Mc 14:1~15:47

Es el relato de la Pasión de Jesús y guardemos en el corazón el amor sin límites que el Señor nos ha demostrado.

 

Tema: “El Triunfo En El Fracaso”

 

El domingo de Ramos es la introducción en la Semana Santa, que va del triunfo en el fracaso, es decir que Jesús entra en Jerusalén como rey de paz, sentado sobre un burrito, no sobre un caballo en el que montaban los reyes en tiempo de guerra. Es un gesto que nos muestra su “anonadamiento”, su triunfo en el fracaso, pues después de esa entrada triunfal, en la que la multitud le aclama con gritos de ¡Viva! Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. ¡Viva el Altísimo!, vendrán otros gritos de la Pasión clamando: ¡Crucifícalo!...

  Bien lo expresa San Pablo en la segunda lectura escribiendo a los Filipenses: “Hermanos, Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo...y se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el “nombre sobre todo nombre”; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble , en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.”

  Y sigue luego el relato de la Pasión de Jesús en el evangelio, este año de San Marcos. Es el más breve de los cuatro relatos que hacen los evangelistas.

La importancia ejemplar de la pasión de Jesús radica en que nuestra vida está compuesta a medias por la acción y a medias por la pasión. Jesús no es sólo modelo de actividad, sino también de pasividad. Durante su pasión Jesús experimenta la limitación de la impotencia y la agresión externa del mal ajeno. Y nosotros también somos víctimas de impotencias internas en el plano moral e intelectual y de aspiraciones, y sufrimos la pasión exterior causada por los demás.

La primera pasión interior de Jesús es la tristeza y angustia. Jesús “empezó a entristecerse y angustiarse, hasta exclamar: Me muero de tristeza”. Ejemplo para nosotros, que debemos soportar la impotencia de estar tristes y angustiados. Necesitamos el aguante de Jesús, cuando perdemos el gusto por la vida y todo nos da igual; cuando nos faltan razones y estímulos para seguir viviendo.

La segunda pasión de Jesús es la sensación de inutilidad. En la noche de Getsemaní, Jesús siente que puede ser estéril para muchos la generosidad de su muerte. Jesús presiente que la libertad humana rechazará la luz de la salvación. ¿Cuántos ignorarán o, conociéndolo, rechazarán esa gota de sangre de Cristo derramada por ellos? También nosotros tenemos a veces la sensación de infecundidad en respuesta a nuestro amor y servicio.

La tercera pasión de Cristo es el silencio de Dios. “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” El vacío de la presencia sensible de Dios le invade de tristeza mortal. Hay horas en que también nosotros sufrimos las ausencias del Padre. No le vemos ni le sentimos cercano y paternal; más bien, permitiendo el mal y el dolor. Pero Jesús supera esa sensación penosa con la oración confiada: “Padre en tus manos entrego mi espíritu”.

La cuarta pasión interior de Jesús fue la compasión con y por los otros. Cuando llame a nuestra alma el dolor, tenemos un doble motivo para encajarlo. La conciencia de que Jesús padeció por y como nosotros; y la fe de que nuestra compasión sirve para completar su pasión en favor de otros.

Pero hay también las pasiones exteriores de Jesús. la primera fue la condena dictada por la envidia ajena. El sanedrín reacciona contra Jesús porque les quita la clientela. “¿Qué hacemos? Todos se van tras él”. También nosotros somos objeto de críticas y calumnias y zancadillas dictadas por el resentimiento de los demás.

La segunda pasión externa de Jesús fue la soledad, el abandono. Cristo se quedó solo ante el peligro. La noche de Getsemaní fue abandonada por los suyos, primero en la agonía y luego en el prendimiento. También nosotros pasamos fases de soledad cuando más necesitamos la compañía: en la enfermedad, en el fracaso, en la crisis de un mal psicológico, social o espiritual.

La tercera pasión exterior sufrida por Jesús es fruto de la cobardía. Pilato le condenó a muerte lavándose las manos ante la injusticia. Nosotros sufrimos a veces injusticias por la inhibición ajena, por culpa de jefes o compañeros, que se desentienden de nosotros o somos postergados, como Jesús pospuesto a Barrabás.

La cuarta pasión externa que golpeó a Jesús fue la superficialidad. Herodes no se interesa por Jesús en el plano religioso. Acaso como diversión de feria o como superstición. También a nosotros, en cuanto discípulos fieles de Cristo nos puede llegar el rechazo de una sociedad superficial, que pasa de lo religioso. El secularismo actual, que se arregla sin Dios, que prefiere bien vivir materialmente a moralmente, rechaza nuestra vida.

Finalmente, la quinta pasión exterior sufrida por Jesús fue la ingratitud. El pueblo que le aclama el domingo de Ramos, le condena el viernes santo. El pueblo que ha recibido el regalo de sus curaciones y la multiplicación de alimentos se calla ante la condena de Jesús o pide su crucifixión. También nosotros somos olvidados por aquellos que recibieron nuestra entrega, servicios o buenas acciones, cuando ya no somos útiles. “Perdónalos; no saben lo que hacen”.

Aprendamos de Jesús maestro no sólo en la actividad de la vida pública, sino también en las pasividades de su pasión. Pidamos luz para creer que la pasión es tan fecunda o más que la acción para salvar al mundo y escalar la gloria.

Termino con la poesía del navarro Casiano Floristán (1926-2006) titulada:

 

La entrada del Señor

Hermanos y amigos, batid palmas,
aclamad a Dios con cantos de alegría;
porque el Señor es excelso y es humilde,
que con los mortales comparte muerte y vida.
No domina con imperio ni con miedos,
ni corta yugulares con la espada;
monta en un asno como un pobre,
entra en la ciudad a la alborada.
Dios llega entre aclamaciones,
tapizado el suelo con los mantos,
con el júbilo de los hosannas,
y las palmas de los jóvenes y ancianos.
¡Dueños de las casas, abrir las puertas!
Que nadie se esconda a su llegada.
Va a entrar el rey de la gloria,
en la plenitud de la jornada.
Dios reina sobre el universo,
planta su tienda entre los pobres,
tomen asiento todos juntos,
abramos de par en par los corazones.

j.v.c. 

 

 

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