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El Bautismo Del Señor (B)

 

10 de Enero de 2021

CITAS BIBLICAS PARA LA LITURGIA

El bautismo de Jesús es el fin a una vida silenciosa en Nazaret y el inicio de su actividad misionera. En el bautismo se oyó la palabra del Padre, palabra que no volverá a El vacía, sino con frutos de hacer la voluntad de Dios, y de cumplir los mandamientos.

 

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PRIMERA LECTURA: Is 55:1-11

En el bautismo se nos ofrece gratuitamente la gracia más hermosa que pueda recibir una persona: pasar a ser miembros de la familia de Dios. El profeta nos invita a darnos cuenta de la gracia que hemos recibido y a no desperdiciar nuestra vida viviendo para dioses que no pueden darnos la salvación.

 

SALMO RESPONSORIAL: Is 12:2,4,5

R/SACARÁN AGUA CON GOZO DE LA FUENTE DE LA SALVACIÓN.

El Señor es mi Dios y Salvador,
con él estoy seguro y nada temo.
El Señor es mi protección y mi fuerza y ha sido mi salvación.
Sacarán agua con gozo de la fuente de salvación. R/

Den gracias al Señor,
invoquen su nombre,
cuenten a los pueblos sus hazañas,
proclamen que su nombre es sublime. R/

Alaben al Señor por sus proezas,
anúncienlas a toda la tierra.
Griten jubilosos, habitantes de Sión,
porque el Dios de Israel ha sido grande con ustedes. R/


SEGUNDA LECTURA: 1Jn 5:1-9

El bautismo es el comienzo de un camino que necesariamente conduce a dar la vida por nuestros hermanos. Quien viva de verdad como hijo o hija de Dios participará también de la suerte de Jesús: vivir sirviendo y entregándose por los demás.


ACLAMACIÓN DEL EVANGELIO: Jn 1:29

Aleluya, aleluya.
Juan, al ver a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” 
Aleluya.


EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS: Mc 1:7-11

En el bautismo, Jesús nos representa a todos los que queremos ser sus discípulos. A cada uno de nosotros se dirigió la voz del cielo que dijo aquel día: Tu eres mi Hijo muy amado.

 

Tema: “El Agua Que Quería Ser Fuego”

Empiezo esta homilía con una bonita historia del “agua que quería ser fuego”. Estaba cansada de ser fría y correr río abajo. Quería ser roja y cálida como el fuego. Y escribió una carta a Dios pidiéndoselo: “estoy cansada de ser transparente. Prefiero ser como la zarza ardiente” ...Y un día le vino la respuesta de Dios, que dejó caer un sobre rojo sobre el agua. Y dentro decía: “Querida hija. Parece que te has cansado de ser agua. Pero oye, tu abuela es la que me bautizó en el río Jordán y yo tenía destinada a caer sobre la cabeza de muchos niños recién nacidos. Tú preparas el camino del fuego. Mi Espíritu como fuego no baja a nadie que no haya sido lavado antes por ti.” Y el agua lo comprendió y dando gracias a Dios se quedó muy contenta de ser agua. Dijo: “¡Sí, Jesús, seguiré siendo tu espejo, gracias!”

El tiempo de Navidad concluye con la fiesta del bautismo del Señor. Recordamos este acontecimiento significativo, que nos hace pensar también en nuestro bautismo. Jesús quiso recibir el bautismo predicado y administrado por Juan el Bautista. Se trataba de un bautismo de penitencia, que expresaba el deseo de ser purificado de los pecados.

Jesús no tenía necesidad alguna del mismo, Sin embargo, era consciente de que, para llevar a cabo su misión, debía ir a que Juan le bautizara, debía introducirse entre los pecadores, hacer, en cierto sentido, causa común con ellos, mostrarse solidario con ellos.

Todo esto nos hace comprender la misión de Jesús: él había venido no sólo a estar entre nosotros, a consolarnos con su presencia, sino antes que nada a estar entre nosotros en cuanto pecadores, a fin de compartir nuestra suerte y transformarla, gracias a su solidaridad, en camino de salvación.

Como bien dijo el Padre de la Iglesia San Cirilo de Jerusalén (315-386): “para Jesús, el bautismo es la entrada en el mundo del pecado. Para nosotros, el bautismo en la salida del mundo del pecado. Pero, “puerta de entrada” o de “salida”, nos encontramos juntos dentro del agua. Demos gracias por nuestro bautismo”. Y oigamos como la voz del Padre desde el cielo proclama a Jesús: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”.

Son un eco de las palabras del profeta Isaías en la primera lectura acerca del “Siervo sufriente”: “Mirad mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará” ...Es decir, que Jesús es dulce y compasivo, que no apaga los farolitos viejos que simbolizan a los ancianos, no grita, sino que perdona siempre a todos, que su misión es de paz y de amor. Bien lo expresa el poeta indio Tagore (1861-1941): “Yo era una caña cascada tirada en la tierra. Y tú pasaste a mi lado, me miraste, me cogiste en tus manos y me llenaste de música”.

También en la segunda lectura de los Hechos de los Apóstoles (10,34-38) lo dice San Pedro: “Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el Bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él”.

San Máximo de Turín (380-465) en un sermón dijo:

“No sin razón sigue esta fiesta inmediatamente a la fiesta del nacimiento del Señor, aunque fueron muchos los años que distanciaron estos dos acontecimientos, pues se puede decir que en ella continuamos festejando el nacimiento. En el nacimiento, Cristo nace según la naturaleza humana y su Madre María lo acoge cariñosamente en su seno. En el bautismo, nace entre signos celestiales y Dios, su Padre, lo envuelve con su voz diciendo: Este es mi Hijo amado en quien me complazco. Escuchadlo.

El Señor Jesús ha venido hoy a recibir el bautismo. Ha querido lavar su cuerpo con el agua del Jordán. Quizá alguno diga: “¿Por qué quiso ser bautizado, él, que era santo?”. Cristo se bautiza no para ser santificado por las aguas, sino para santificar él las aguas y purificar con su acción personal las olas que toca. Se trata más bien de la consagración del agua que de la consagración de Cristo. Desde el momento en que Cristo se lavó, todas las aguas se volvieron puras con vistas a nuestro bautismo. Así quedó purificada la fuente para que se otorgara la gracia a los pueblos que vendrían después. Cristo va el primero al bautismo para que los pueblos cristianos lo sigan sin vacilar”.


Termino con una poesía del toledano José de Valdielso (1565-1638) titulada:

Mas, ¿por qué se ha de lavar?

Mas, ¿por qué se ha de lavar
el Autor de la limpieza?
porque el bautismo hoy empieza,
y él lo va a inaugurar.
Juan es gracia y tiene tantas,
que confiesa el mundo de él
que hombre no nació mayor
ni delante ni después.
Y para que hubiera alguno
mayor que él, fue menester
que viniera a hacerse hombre
la Palabra que Dios es.
Esta Palabra hecha carne
que ahora Juan tiene a sus pies
esperando que la lave
sin haber hecho por qué.
Y se rompe todo el cielo,
y entre las nubes se ve
una paloma que viene
a posarse sobre él.
Y se oye la voz del Padre
que grita: “Tratadlo bien;
escuchadle, es el maestro,
mi Hijo querido es”.
Y así, Juan, al mismo tiempo,
vio a Dios en personas tres,
voz y paloma en los cielos,
y al Verbo eterno a sus pies.

j.v.c.

 

 

 

 

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