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A partir del 21 de Junio y hasta nuevo aviso, todos aquellos que deseen participar en la misa dominical, deben inscribirse cada semana:

Por favor lean las INDICACIONES para tal efecto, publicadas en la página Web 

Decimosexto Domingo Del Tiempo Ordinario

 

19 de julio de 2020

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

Dios es el Señor de la historia; da a todos, buenos y malos, la posibilidad de creer; intervendrá solo al final, a pesar del escándalo u de la impaciencia de algunos, pero en el transcurso de la vida da a todos la posibilidad de la conversión. Para crecer en ese camino, todos necesitamos ayuda: oración cristiana debe ser guiada siempre por el Espíritu.

ORACION

Oh Dios, que cuidas de todo con amor, sembrando en el mundo la buena semilla, y acompañándola con cariño y paciencia en su crecimiento, te pedimos que todos nosotros sepamos amarnos mutuamente, creciendo siempre en tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen

 

PRIMERA LECTURA: Sb 12:13, 16-19

El Señor es poderoso y justo, pero por, sobre todo, misericordioso. Este es uno de los mensajes más claros y más hermosos de la escritura.

 

SALMO RESPONSORIAL: Sal 86:5-6, 9-10, 15-16

R/ TU, SEÑOR, ERES BUENO Y CLEMENTE.

 

  1. Tú eres, Señor, bueno e indulgente,
    Lleno de amor con los que te invocan.
    Señor, escucha mi plegaria,
    Pon atención a la voz de mis suplicas. /R
     
  2. Todas las naciones vendrán para adorarte
    Y darán, Señor, gloria a tu nombre.
    Porque eres grande y hacer maravillas,
    Tú solo eres Dios. /R
     
  3. Más tú, Señor, Dios tierno y compasivo,
    Lento para enojarte, lleno de amor y lealtad, 
    Vuélvete mí y ten piedad de mí. /R

 

 

SEGUNDA LECTURA: Rm 8:26-27

Rezar con el mismo espíritu de Jesús es una de las condiciones para que nuestra oración sea escuchada. Más importante que las palabras que utilizamos al rezar es el espíritu con que lo hacemos.

 

ACLAMACION DEL EVANGELIO Mt 11:25

Aleluya, aleluya. Te doy gracias, Padre, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. Aleluya

 

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO Mt 13:24-43 △ 13:24-30

Hasta el fin de los tiempos los hombres tendrán la opción de elegir el bien o de rechazarlo. La libertad del hombre es su tesoro, pero al mismo tiempo el recuerdo constante de su responsabilidad.


Tema: La Paciencia De Dios

Dios se ha quedado en la estación de la cementera. Que es la estación de la esperanza. Que es la estación de la paciencia.

Mientras nosotros corremos hacia adelante, quemamos las páginas del calendario y frecuentamos la estación de la impaciencia

El reino de Dios es siempre un inicio. Un minúsculo, insignificante inicio.

Dios viene a la tierra como una semilla, un fermento, un minúsculo retoño.

Jesús es sembrador y semilla al mismo tiempo. Jesús obra silenciosamente, como levadura en la masa, para ofrecer pan a los hombres. El transforma la realidad desde dentro. Los cambios exteriores, aunque llamativos, es más, especialmente si son llamativos no le interesan. Su fuerza, irresistible pero escondida es la fuerza de la vida. Para hacer vivir, es necesario desaparecer. Para hacer fermentar, hay que perderse en medio de la masa de la harina, La eficacia está garantizada por la pequeñez, no por el poder de los medios desplegados, ni por la cantidad, ni por el número.

Tampoco el grano de mostaza, que se convierte en árbol, celebra su grandeza. Celebra la vida. Es importante no porque se haga respetar, porque llame la atención, porque domine a los otros, sino porque hace vivir a los pájaros del cielo.

Dios tiene tiempo. Dios da tiempo. Dios tiene necesidad de tiempo. Dios sabe esperar. En el fondo, tenemos que reconocerlo, todos nosotros somos fruto de su paciencia interminable.

Las consecuencias de esto para nosotros son ante todo ser pacientes consigo mismo. No fiarnos de la impaciencia. Aprender de Dios que más que hacerse temer, prefiere hacerse amar. Juzga con mansedumbre. Nos gobierna con moderación. Su política es la misericordia. Su diplomacia la compasión. Quiere que sus hijos estén llenos de “dulce esperanza”. Aprendamos, pues, la delicadeza de Dios, su solicitud, su benevolencia, su angustiosa espera y paciencia. Nosotros, no cedamos a la inquietud, no nos dejemos devorar por la ansiedad. In tentemos establecer la paz con nosotros mismos. Relajemos las tensiones. Creamos en ese Dios que nos hace esperar. Acostumbrémonos a esperar en la vida eterna, comenzado por esperar en la vida. No cedamos a la prisa, no busquemos la perfección a corto plazo, temamos las transformaciones espectaculares y los resultados inmediatos. Dios trabaja con plazos largos. Las cosas que dejan una señal profunda, toman siempre el camino de la lentitud. Los frutos llegarán, y serán sabrosos. Y seamos pacientes con los demás. No juzguemos, no condenemos, no despreciemos a los otros.

En la “Carta a Diogneto”, capítulo 8 (anónimo del año 158 d. C) leemos:

Dios lo había dispuesto todo con su Hijo: pero, hasta estos últimos tiempos, nos ha permitido dejarnos llevar por nuestras inclinaciones desordenadas, ser arrastrados por los placeres y las pasiones. No es que él se complaciera lo más mínimo en nuestros pecados: únicamente toelraba ese tiempo de iniquidad sin darle su consentimiento. Preparaba el tiempo actual de la justicia para que, convencidos de haber sido indignos de la vida durante este período por razón de nuestros pecados, nos hiciéramos dignos ahora por la bondad divina, y para que después de habernos mostrado incapaces de entrar por nosotros mismos en el reino de Dios, por su poder nos hiciéramos capaces. Dios no nos ha odiado ni rechazado, no nos ha guardado rencor, sino que durante mucho tiempo ha tenido paciencia con nosotros.


Termino con la poesía de Florentino Ulibarri (navarro nacido en 1921) titulada:

Como Un Grano De Mostaza

A veces, Señor, cuando dudo,
cuando no siento nada
y me percibo escéptico,
todavía sé pararme
y coger un grano de mostaza
en el cuenco de mi mano,
y mirarlo y mirarlo,
acordándome de tus palabras.
Y a veces, cuando todo va bien,
cuando la vida me sonríe,
cuando no tengo problemas
para creer en Ti,
ni para creer en los hombres y mujeres,
ni para creer en mí...,
también me atrevo a coger un grano de mostaza
en el cuenco de mi mano,
y lo miro y miro
acordándome de tus palabras:
“Si tuvierais fe como un grano de mostaza” ...

j.v.c. 

 

 

 

 
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