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A partir del 21 de Junio y hasta nuevo aviso, todos aquellos que deseen participar en la misa dominical, deben inscribirse cada semana:

Por favor lean las INDICACIONES para tal efecto, publicadas en la página Web 

La Ascension Del Señor

 

31 de mayo de 2020

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

El Espíritu que estuvo presente en el comienzo de la vida pública de Jesús, está presente en el comienzo misionero de la Iglesia; la acompaña con diversidad de dones y carismas, y ella, con su ayuda, se convierte en fuerza liberadora.

 

ORACION

O dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen

 

PRIMERA LECTURA: Hch 2:1-11

El Espíritu Santo nos concede hablar un lenguaje que todos entienden: el lenguaje de la esperanza, del perdón, de la bondad.

 

SALMO RESPONSORIAL: Sal 104: 1y24, 29-30, 31y34

R/ ENVIA TUESPIRITU, SEÑOR, Y REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA. ALELUYA.

  1. Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío,
    qué grande eres!
Cuántas son tus obras,
    Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. /R
     
  2. Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
    
envías tu espíritu, y los creas, 
y repueblas la faz de la tierra. /R
     
  3. Gloria a Dios para siempre,

    goce el Señor con sus obras;

    que le sea agradable mi poema,
    
y yo me alegraré con el Señor. /R

 

SEGUNDA LECTURA: 1 Co 12:3-7,12-13

Todo cristiano sin excepción es poseedor de un carisma, es decir, de un don de Dios. La riqueza de la Iglesia, está en agradecer y hacer uso de todos y cada uno de los dones de sus miembros para el bien de los demás.

 

ACLAMACION DEL EVANGELIO

Aleluya, aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ello la llama de tu amor. Aleluya

 

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN Jn 20:19-23

Tras la muerte de Jesús, los apóstoles se sienten incapaces para continuar la misión de Cristo en un mundo adverso y repleto de enemigos. Pero Jesús se les hace presente y sus temores se transforman en paz y confianza. También nosotros necesitamos darnos cuenta de que el Señor nos acompaña

en la vida y el trabajo de cada día.

 

 

TEMA: “EL FUEGO DEL ESPÍRITU SANTO”

 

El Espíritu Santo es representado en la Biblia con muchos símbolos:

“paloma”, “viento”, “nube”, agua, “fuego”, “paráclito”. La paloma nos habla de su amor, el viento de su fuerza, la nube de su protección, el agua de su vida que apaga sedes terrenas, el fuego de su ardor purificador, el Paráclito que significa su ser “Abogado Consolador”, que viene a darnos consuelo, apoyo, alegría en las dificultades.

El Hijo (Jesucristo) y el Espíritu son las dos manos de Dios Padre, que actúa por ellos: por el Hijo obra la redención y por el Espíritu obra nuestra santificación.

Hoy vamos a pedir al Espíritu Santo sus dones:

Sabiduría para los dirigentes, fortaleza para los enfermos, caridad para las familias, piedad para los ateos, bondad para los que nos odian y están en guerra, generosidad para los que no dan nada.

Y de todos los símbolos del Espíritu Santo que vemos arriba, me quedo con el del “fuego” ... Que el fuego del Espíritu Santo nos encienda por dentro, que no seamos chimeneas apagadas, que tengamos pasión de amor a Dios y al prójimo, que las llamas de sus siete dones y frutos nos iluminen, quemen, inflamen, calienten por dentro. Como decía San Juan de la Cruz, somos como maderos húmedos puestos al fuego...Primero echamos humo, fealdad, olores, pero poco a poco nos ponemos rojos, nos volveremos fuego transparente. Esa es la labor del fuego del Espíritu Santo.

San Elredo de Rievaulx (1110-1167) abad cisterciense dijo en un sermón sobre el Espíritu Santo:

“Según el designio de Dios, al principio el Espíritu de Dios llenaba el universo, despliega su fuerza de un extremo a otro, y todo lo gobierna acertadamente. Pero, en cuanto a su obra de santificación, es a partir de este día de Pentecostés cuando el Espíritu llenó toda la tierra. Porque hoy, el Espíritu de dulzura es enviado desde el Padre y el Hijo para santificar a toda criatura según un plan nuevo, una manera nueva, una manifestación nueva de su poder y de su fuerza.

Antes, el Espíritu no había sido dado porque Jesús ni había sido glorificado. Hoy, bajando del cielo, el Espíritu es dado a las almas de los mortales con toda su riqueza, toda su fecundidad. Así, este rocío divino se extiende sobre toda la tierra, en la diversidad de sus dones espirituales. Está bien que la plenitud de sus riquezas haya llovido desde el cielo sobre nosotros, porque pocos días antes, por la generosidad de nuestra tierra, el cielo había recibido un fruto de maravillosa dulzura: la humanidad de Cristo, que es toda la gracia de la tierra. El Espíritu de Cristo es toda la dulzura del cielo, Se produjo, en efecto, un intercambio muy saludable: la humanidad de Cristo subió de la tierra al cielo. Hoy desciende del cielo hacia nosotros el Espíritu de Cristo.

El Espíritu actúa por doquier, Por todas partes el Espíritu toma la palabra. Sin duda, antes de la Ascensión, el Espíritu del Señor ha sido dado a los discípulos cuando el Señor les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengáis, Dios se los retendrá. Pero antes de Pentecostés no se oyó la voz del Espíritu Santo, no se vio brillar su poder. Y su conocimiento no llegó a los discípulos de Cristo, que no habían sido confirmados en su coraje, ya que el miedo los tuvo encerrados en una sala con las puertas cerradas. Pero, a partir de este día de Pentecostés, la voz del Señor se cierne sobre las aguas, la voz del Señor descuaja los cedros, la voz del Señor lanza llamas de fuego. En su templo, un grito unánime: ¡Gloria!”

Jorge de Lima (1893-1953), poeta brasileño, canta:

 

¡Quémame, lengua de fuego!
¡Sopla después sobre las hachas incendiadas
y espárcelas por el mundo
para que tu llama se propague!
¡Transfórmame en tus brasas
para que yo queme también como tu quemas,
para que yo marque como tú marcas!
¡Deshazme con tu tempestad,
Espíritu violento y dulcísimo,
y rehazme cuando quieras,
y ciégame para que los prodigios de Dios se realicen,
e ilumíname para que tu gloria se irradie!  

j.v.c.


   

 

 

 

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