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A partir del 21 de Junio y hasta nuevo aviso, todos aquellos que deseen participar en la misa dominical, deben inscribirse cada semana:

Por favor lean las INDICACIONES para tal efecto, publicadas en la página Web 

Domingo De Pascua

12 de ABRIL de 2020

 

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

Nos preside, brillante, el cirio que la noche anterior se encendió. Es un símbolo de Jesús vivo. Como nos ilumina, también nosotros debemos iluminar. Como nos enseña el camino, también nosotros debemos ser guia para los demás. Y en los momentos difíciles, es el quien nos llama por nuestro nombre y nos anima a compartir su camina.

ORACION

Señor Dios, que, por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, nos has abierto en este día las puertas de la vida, concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, para así poder resucitar en el reino de la luz de la vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen


PRIMERA LECTURA: Hch 10:34,37-43

Dar testimonio de la resurrección, es anunciar por todo el mundo la buena noticia de que el Señor está vivo y que nos invita a seguir junto a él curando enfermos, liberando a los que se encuentran oprimidos y proclamando la buena noticia del evangelio.

 

SALMO RESPONSORIAL: Sal 118:1-2,16-17,22-23

R/ ESTE ES EL DIA EN QUE ACTUO EL SEÑOR: SEA NUESTRA ALEGRIA Y NUESTRO GOZO

 

  1. Dad gracias al Señor porque es bueno,

    porque es eterna su misericordia.

    Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

  2. «La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».

    No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.

  3. La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.

    Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.


SEGUNDA LECTURA: Col 3:1-4

Participar en la resurrección es vivir la vida y los problemas de todos los días sin perder nuca de vista al Señor resucitado que está sentado a la derecha de Dios.


ACLAMACION DEL EVANGELIO 1 Co 5:7-8

Aleluya, aleluya. Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así pues, celebremos la Pascual.

Aleluya


EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN Jn 20:1-9

María Magdalena, que tantos gestos de amor recibió de Jesús en su vida, es la primera en descubrir el sepulcro vacío. María sabe ver en esta ausencia del cuerpo del Señor la prueba de su resurrección.

TEMA: " Vio y creyó"

El evangelio de este domingo más que un relato de la aparición de Jesús resucitado es un relato de desaparición. Lo que encuentran tanto María Magdalena como los dos apóstoles no es la manifestación gloriosa del Resucitado sino un sepulcro vacío. Ante ese hecho caben dos interpretaciones. La primera es la actitud inicial de María Magdalena: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. La otra es la respuesta de fe de los apóstoles: “Vio y creyó”. 

La actitud más evidente, más obvia, es sin duda la de María Magdalena. Se observa en sus palabras una enorme carga de amor y cariño. Pero su perspectiva se queda en una distancia muy corta. La actitud de los apóstoles es diferente. Llegan al sepulcro y observan lo que ha sucedido. Sólo después se les abre la inteligencia y comprenden lo que no habían entendido antes en las Escrituras: “que Él había de resucitar de entre los muertos”.

Jesús es, curiosamente, el gran ausente de este relato, pero al mismo tiempo la auténtica fuerza que dinamiza la vida de los creyentes. Apenas las vendas y el sudario quedan como testigos mudos de que ahí estuvo su cuerpo muerto. Pero es precisamente sobre ese vacío como se afirma la fe. ¿No nos dijeron que la fe era creer lo que no se ve? Pues aquí tenemos una prueba concreta. En torno a la ausencia de Jesús brota la convicción de que está vivo, de que ha resucitado. No han sido los judíos o los romanos los que se han llevado su cuerpo. Ha sido Dios mismo, el Abbá de que tantas veces habló, el que lo ha levantado de entre los muertos. Y le ha dado una nueva vida. Una vida diferente, plena. Jesús ya no pertenece al reino de los muertos, sino que está entre los vivos de verdad. En esa vida nueva su humanidad queda definitivamente transida de divinidad. La muerte ya no tiene poder sobre él.

Pero no hay pruebas de ello. No hubo policías recogiendo las huellas dactilares. No hubo jueces ni comisiones parlamentarias. No hubo periodistas ni cámaras ni micrófonos. Nada de eso. Solamente el testimonio de los primeros testigos que nos ha llegado a través de los siglos. De voz en voz y de vida en vida ha ido pasando el mensaje: “Jesús ha resucitado”. Muchos han encontrado en esa fe una fuente de esperanza, de vitalidad, de energía que ha dado sentido a sus vidas. La vida de tantos santos, canonizados o no, es testimonio de ello. Pero no hay pruebas. Sólo la confianza en la palabra de aquellos testigos nos abre el camino hacia esa nueva forma de vivir. ¿Quieres tú también creer?
 

 

 

 

 

 

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