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Retiro de Adviento 2019

Retiro de Adviento 2019

Trigésimo Domingo Del Tiempo Ordinario

27 de octubre de 2019

TEXTOS BIBLICOS PARA LA LITURGIA EUCARÍSTICA

Dios no se compra ni con acciones culturales, no con palabras solas; el Señor escucha a quien suplica humildemente, y rechaza al que se vanagloria y desprecia a los demás. Pablo, ante su muerte, hace un balance de su vida y observa que el Señor nunca se ha dejado ganar en generosidad.

 

ORACION

Oh Dios, rico en dones y gracias, al presentarnos ante ti tal como somos, con todas nuestras limitaciones y flaquezas, tú nos recibes con gran amor. Aquí nos tienes, Señor, pidiéndote juntos que sepamos dejarlo todo en tus manos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen


PRIMERA LECTURA: Si 35:15-17,20-22

La primera lectura nos habla del poder de la oración. Dios jamás deja de escuchar la oración de sus fieles. Nuestras aflicciones son también las aflicciones de Dios y no hay ningún sufrimiento nuestro que Dios no conozca ni desee remediar.


SALMO RESPONSORIAL: Sal 34:2-3,16 y 18, 19 y 23

R/ SI EL AFLIGIDO INVOCA AL SEÑOR, ÉL LO ESCUCHA

  1. Bendeciré al Señor en todo tiempo, 
su alabanza estará siempre en mis labios.

    Mi alma se gloría en el Señor: 
que lo oigan los humildes y se alegren. R/
  2. Pero el Señor rechaza a los que hacen el mal 
para borrar su recuerdo de la tierra.

    Cuando ellos claman, el Señor los escucha 
y los libra de todas sus angustias. R/
  3. El Señor está cerca del que sufre 
y salva a los que están abatidos.

    Pero el Señor rescata a sus servidores, 
y los que se refugian en El no serán castigados. R/


SEGUNDA LECTURA: 2 Tm 4:6-8, 16-18

Del mismo modo que Dios no abandonó a Jesús, nos acompaña a nosotros cada día de nuestra vida. Los hombres nos pueden dejar solos, pero Dios es fiel y estará siempre con nosotros.


ACLAMACION DEL EVANGELIO 2 Co 5:19

Aleluya, aleluya Dios estaba en Cristo, reconciliando el mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Aleluya.


EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS: Lc 18:9-14

El evangelio de San Lucas nos habla de dos maneras opuestas de orar. El fariseo no pide nada a Dios: está plenamente satisfecho de sí mismo y de su condición presente. La oración del recaudador de impuestos, en cambio es una petición humilde: reconoce su condición de pecador y confía.


TEMA: “Volver nuestro corazón a Dios”

En el Evangelio de hoy, Jesús nos entrega la parábola del fariseo y del publicano para contraponer dos modelos de vida cristiana: la del fariseo que, con arrogancia, piensa obtener la salvación con su propio esfuerzo, y la del publicano que reconoce su condición de pecador y pide la conversión. ¡Qué seguro de sí mismo estaba este fariseo! Todo lo que decía era cierto, su cumplimiento era intachable. Pero así, tan satisfecho y seguro de sí mismo, contemplando con desprecio a los demás, no tenía lugar para percibir el amor de Dios en su vida. En cambio, el publicano pecador sabía que lo único que podía hacer era entregar su vida en manos de Dios, porque el que no tiene nada, puede reconocer que el Dios de Jesús es su último asidero: “Señor ten misericordia de mí que soy un pecador”. En esa humildad, arrepentimiento y deseo de conversión, Dios encuentra la tierra fértil donde derrochar su amor. Con este texto y en este caminar cuaresmal hoy estamos llamados a convertirnos profundamente, a reconciliarnos, a mirar al otro en su dignidad y a reconocer humildes que todo es Gracia.



Mirando de cerca esta parábola, ¿con mis actitudes y mi forma de enfrentar la vida me asemejo más a la actitud del fariseo o a la del publicano?

Sin duda, todos tenemos necesidad de transformación interior, de volver nuestro rostro a Dios. Durante nuestra vida, nosotros también nos comportamos algunas veces como el publicano o como el fariseo. En ambas situaciones, tenemos necesidad de poner los ojos en Dios y reconocer lo que de verdad somos; Él sí nos conoce y sabe de qué barro estamos hechos. Esta es una nueva invitación que nos hace a fijarnos en Él, en dejar de lado todo lo que nos distancia de su presencia. Con un corazón humilde acudamos a su presencia y renovémosle nuestro amor, pidamos perdón por nuestras faltas.
 

 

 

 

 

 

 

 
 
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